La comarca de Antequera, por su suelo cálcico, es la zona más fructífera para la reproducción de estos moluscos.

La crianza de moluscos se perfila como una alternativa rentable para el autoempleo, ya que la demanda de caracoles en España es 20 veces superior a lo que se produce. Una superficie de unos 500 metros cuadrados genera unos 3.000 kilogramos de moluscos al año, lo que puede reportar más de 18.000 euros anuales.


­España consume unas 4.000 toneladas de caracoles al año, de las cuales tan sólo un 3% proceden de granjas nacionales, cubriendo el resto de la demanda países como Yugoslavia, Turquía o Marruecos.

De esta manera, la cría de caracoles se perfila como una alternativa para el autoempleo, ya que la demanda de caracoles en España es 20 veces superior a lo que se produce. Y mucho más aún en Francia, el mayor comercializador a nivel mundial.

La cría de caracoles se está convirtiendo en una tendencia cada vez más frecuente de emprendimiento en la provincia de Málaga, donde actualmente conviven unas diez granjas. La comarca de Antequera se convierte en un lugar idóneo para la reproducción por su suelo cálcico. Una de las granjas enclavadas en el norte de la provincia de Málaga es la de Agustina Rodríguez, la helicicultora más joven de Andalucía, que ha instalado su granja de caracoles en la Estación de Salinas, en Archidona.

En 2004, después de volver de un viaje de la India, Agustina tomó la decisión de dedicarse a la cría de moluscos. Durante años trabajó como capataz y corredora de obras pero con la caída de la construcción cambió de planes: «Decidí que quería algo que me diera para vivir, no busco hacerme millonaria, solo quiero tener un sueldo».

La trayectoria de su granja es muy corta, comenzó en febrero de este año a reproducir y cuenta con un invernadero de 500 metros cuadrados explotados, donde se crea un clima primaveral húmedo, a través de un microclima. Agustina, que dedica tres horas diarias a alimentar a los moluscos, utiliza una técnica de huertos de lechugas, coles y espinacas, mediante los que alimenta a los caracoles, además de pienso a base de alfalfa y calcio.

El caracol, como hermafrodita, necesita dos moluscos para la fecundación, que se produce en un ambiente adecuado, poniendo a los 20 días unos 100 huevos que eclosionan, transcurridos 21 días, para madurar a los ocho meses. De este modo, una granja de unos 500 metros cuadrados produce unos 3.000 kilos de caracoles al año. En este sentido, Agustina asegura que se necesitan conocimientos porque «de ocho granjas que se abren sólo dos consiguen salir adelante y las otras acaban cerrando».

Por su parte, Raquel Conejo ha instalado también una granja en la comarca de Antequera, concretamente en Villanueva del Trabuco. «Estuve investigando y vi que era algo novedoso que podía tener beneficios y que podía compaginarlo con la casa», indica Raquel. La técnica que esta trabuqueña utiliza para la producción de caracoles es mixta, ya que los cultiva en el sótano de su casa y un invernadero.

Otra de las granjas de moluscos situada en la provincia de Málaga es la de Juan Grande, helicicultor y presidente de la Asociación de Helicicultores de Andalucía (ACHA), instalado en el Rincón de la Victoria. A sus 52 años, y tras ejercer como director de banco durante largo tiempo, encaminó su vida hacia la cría de caracoles tras quedar en el paro.

Juan comenzó en noviembre de 2012. Es el más veterano. «Es un negocio que va evolucionando a medida que tienes producción», explica. En este sentido, este helicicultor se dedica a la venta del molusco vía online. A través de su página granjadecaracoles.com vende a mayoristas y particulares de Cataluña, Francia e Italia. El transporte es sencillo, ya que no requiere refrigeración.

«El kilo de caracoles si lo vendes a mayoristas oscila entre 5 o 6 euros pero si lo vendes al público final puede llegar a entre 8 y 10 euros» expone Juan Grande, quien posee un invernadero de 500 metros y asegura que «se puede vivir de esto». Juan utiliza mesas con vegetación, donde el molusco se oculta y se alimenta, además de pienso a base de cereales, cebada, trigo, maíz y soja.

Por último, Juan Toro, biólogo y helicicultor, que se encarga de asesorar a la asociación, sostiene que desde la facultad tenía «ese intríngulis por este mundo». Uno de los principales objetivos de este biólogo es la inserción del caracol en la gastronomía. «Queremos que sea un plato gourmet, comerlo estilo sushi, buñuelos de caracol, caracoles fritos? incitar al sector de la alimentación a que se incorpore la carne de caracol», proyecta Juan.

 

Fuente: La Opinión de Málaga

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